La generación del territorio es el resultado de la acción de distintos agentes que actúan sobre éste, desde el Estado a los individuos, pasando por todas las organizaciones que actúan en el mismo. Es decir en el proceso de apropiación y transformación del mencionado espacio por parte de los distintos agentes que lo territorializan, surge el territorio, lo que da lugar a una especie de demarcación y zonificación del mismo, expresando de esta manera las necesidades de espacio que tienen los individuos y los grupos por razones de identidad, seguridad, protección y estímulo. El conocimiento del territorio requiere el conocimiento y reconocimiento de los grupos sociales que se desenvuelven en ese espacio físico y simbólico, representativo o referenciado. Este espacio aparece a veces limitado, otras veces cerrado; en ocasiones es la base fundamental de la libertad, la identidad o solidaridad, la inclusión o la segregación, destacando siempre la importancia de los valores actuales culturales y sociológicos de quienes lo habitan. En términos generales, toda comunidad se asienta y se circunscribe en un territorio, pero el territorio no es solo un espacio geográfico y administrativo, es también un lugar físico y muchas veces simbólico, de donde surgen relaciones sociales de complementariedad, de competencia, de conflicto y, de vida grupal. En este sentido, el territorio constituye un espacio de vida.
Como proyecto, el concepto de territorio hace alusión a planificación, en función de un objetivo dentro de un marco histórico, tradicional, artificial de hechos sociales y culturales que pueden ser moldeados, desarrollados o potenciados según el interés propio de los agentes que allí conviven. Por lo cual, la planificación del desarrollo económico de una comunidad o localidad ha de ser integral: territorio, infraestructura, economía, sociedad, política y cultura, disponiendo de cada una de ellas de manera equilibrada, dado que existe una relación de interdependencia entre estos factores. Por ello, se hace imprescindible que cada territorio posea su propio plan de desarrollo local o territorial enmarcado en las macropolíticas públicas definidas por el nivel central de gobierno.
El desarrollo es un sistema integrado de base territorial, en el que las dimensiones físicas, económicas, sociales y culturales se interrelacionan entre sí. De esta manera, combina los elementos endógenos propios de la comunidad territorial, con la existencia de instrumentos exógenos, traídos de fuera, el desarrollo local adopta cuatro dimensiones:
1) La dimensión estructural: territorio, infraestructura, tecnología y recursos.
2) La dimensión económica: sistema de producción, distribución, consumo y tejido empresarial.
3) La dimensión socio-cultural: educación, cultura, tradiciones, innovaciones y estilos de vida.
4) La dimensión política y administrativa: instituciones, asociaciones, movimientos sociales, iniciativas, entre otras. Los principales elementos del desarrollo local son: la población, el medio físico y natural, la infraestructura y equipamiento, los recursos financieros, los servicios sociales, sanitarios, educativos y culturales, el grado de satisfacción personal y las relaciones interpersonales. Y dentro de los principales actores se encuentran: la población, las administraciones los centros educativos, los servicios sociales y sanitarios, las empresas, las agencias de desarrollo local y las asociaciones. Estos actores se relacionan en diversos ámbitos o esferas en las que se plasman las relaciones afectivas y de socialización primaria, las relaciones de producción y consumo, las relaciones de socialización secundaria e identitarias en el ámbito comunitario y las relaciones de poder en el ámbito político administrativo.
Las innumerables interrelaciones que se establecen entre los múltiples actores del desarrollo local, así como los diversos grados de cultura, socialización, capacidad emprendedora, disposición o ubicación de recursos naturales, idiosincrasia, entre otros; determinan sus riquezas y la distribución de las mismas. Siendo esto un proceso muy complejo, que va más allá de la simple clasificación en áreas desarrolladas y espacios en desarrollo. Donde, todos los factores condicionantes del proceso de desarrollo local, desempeñan un papel fundamental, sin poder determinar con facilidad cuál es más importante que otro. Donde es fundamental el aspecto cultural de la región, pues allí confluyen infinitas variables cualitativas que finalmente van a determinar la capacidad de innovación y desarrollo.
El proceso de desarrollo económico debe ser entendido en el marco de un proceso de planeamiento, orientado y definido por los propios agentes locales, en coordinación con las políticas públicas de carácter nacional y debidamente apoyado financiera y políticamente por el nivel central de gobierno. Este complejo proceso de planeamiento, debe comenzar por un profundo diagnóstico del territorio realizado por personal especializado en la materia, que permita detectar claramente las fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades de éste a nivel local y global, incentivando el mayor nivel de participación ciudadana o comunitaria en la definición de los objetivos y metas locales que deben conformar la estrategia integral de desarrollo. El logro de este objetivo, es una variable tan importante para el desarrollo económico, como el disponer de recursos para lograrlo. La tarea de planificar el desarrollo económico local, se torna cada vez más compleja y dinámica, dado el carácter cambiante que impone el proceso de globalización a las economías locales, el cual en ningún momento puede ser soslayado por el ente planificador.
Venezuela es un país de tradición histórica centralista, no obstante, a partir de la era democrática que se inició con la caída de la última dictadura en 1958, constitucionalmente se ha definido como un Estado Federal: Artículo 2 de la Constitución de 1961. Bajo los nuevos lineamientos socialistas, participativos y protagónicos de la nueva Constitución Nacional de 1999, se crea la Ley Orgánica de los Consejos Locales de Planificación Pública; mediante pretende acercar aún más el poder al ciudadano común, fomentando la famosa figura del Presupuesto Participativo. En Venezuela, aún no ha madurado lo suficiente la idea conceptual de este importantísimo instrumento de participación ciudadana, y se ignora casi por completo su operatividad así como sus potencialidades económicas; destacándose en la literatura consultada al respecto, la ausencia casi total de experiencias exitosas al respecto. A partir de la implementación de la nueva Constitución Nacional de 1999, se avanzó de manera nominal en la profundización del federalismo y la descentralización en Venezuela, con declaraciones expuestas tanto en la exposición de motivos, como en su artículo 4. No obstante, hubo retrocesos importantes respecto al régimen al anterior, al eliminarse el Senado como cámara territorial y al permitirse la limitación de la autonomía de los estados por la ley nacional (Artículo 162) y la limitación de la autonomía de los municipios (Artículo 168), lo que implica “negar de entrada la idea misma de descentralización política que está basada en el concepto de autonomía territorial, precisamente entre los entes político-territoriales.
En consideración a lo anterior, la concepción teórica y la puesta en marcha del modelo de desarrollo territorial o desarrollo local, involucra un complejo proceso de interrelaciones sociales, culturales, políticas, económicas, psicológicas, tecnológicas, entre otras; en las cuales juega un papel muy importante el marco institucional establecido en la región o territorio donde pretenda llevarse a cabo. Por lo tanto, se hace imprescindible el disponer de un marco político-institucional realmente democrático y libre, que sirva de sustento y apoyo a un verdadero plan integral de desarrollo, que estimule y potencie la participación ciudadana en aras del diseño y creación de nuevos horizontes económicos. Es así, como algunos países latinoamericanos, incluyendo a Venezuela, no han sido capaces de despertar ante las nuevas realidades que les impone el dinámico proceso de globalización económica, apegándose a mecanismos políticos y sociales ya superados en la historia económica y política de la humanidad, que supuestamente les exigen menos esfuerzos creativos para acceder al progreso económico.
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