La globalización, el crecimiento y la prosperidad de mercados y de economías, han tenido como consecuencia graves problemas ambientales y sociales. Se evidencian un crecimiento acelerado y preocupante en el uso de los recursos naturales y de combustibles fósiles, aunado al aumento del uso de agua potable desde 1960. En el plano social, más de un billón de personas han sido privadas de bienes básicos y más de 100 millones de individuos en el mundo industrial son pobres.
El desarrollo sostenible recoge tres dimensiones: ambiental, social y económica. Sin embargo las organizaciones, especialmente las privadas, lo han limitado a la económica y sólo unas cuantas revelan preocupación por la ambiental. Por ello, las acciones productivas deben responder a una serie de lineamientos, normatividad y políticas en dichos frente. Tradicionalmente el desarrollo sostenible ha sido limitado a la dimensión ambiental desconociendo o ignorando no sólo la existencia de un pilar social sino también del compromiso con su preservación y desarrollo. Por años, se ha dejado esta responsabilidad exclusivamente al Estado, pero dadas las magnitudes de las problemáticas, demanda ahora la participación de las otras instituciones, convirtiendo el adjetivo social en el preferido de organizaciones oportunistas, especialmente empresas, para mejorar sus indicadores de desempeño. Por tanto, se encuentran empresas que son responsables socialmente, que promueven inclusión social, que garantizan satisfacción social, todo ello con el único fin de aumentar niveles de ventas o su participación en el mercado. Por ello, resulta inapropiado hablar de dicotomías entre dichas instituciones, ya que dan la sensación de incompatibilidad, en su lugar, se debe propender por un nuevo modelo que las considere e involucre integralmente, concediéndole a la sociedad, el papel central que por años le ha sido negado.
El desarrollo sostenible busca relacionar el desarrollo económico con la calidad ambiental y social, trata de reconciliar el crecimiento económico con los recursos ambientales de los que dependen generaciones actuales y futuras. Es decir, combina crecimiento ambientalmente sostenible con un enfoque adicionado sobre equidad intergeneracional y distribución equitativa de bienestar entre grupos y naciones. No obstante, la denominación “sostenible” ha sido empleada para referir de manera exclusiva aquellos asuntos verdes, ecológicos o ambientalmente amigables, desconociendo o ignorando el componente social, obligando a retomar, las definiciones del desarrollo sostenible donde se destaque de manera particular dicho componente. La Comisión Mundial del Ambiente y el Desarrollo caracteriza al desarrollo sostenible como desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades, incorpora la noción de justicia intergeneracional, concentrada principalmente en la perspectiva de preservar recursos vitales de generaciones sucesivas sobre niveles equivalentes a los de generaciones previas. La principal orientación de la justicia intrageneracional está vinculada con los ajustes económicos y sociales de las generaciones actuales en un tiempo más corto. De ahí, que el desarrollo sostenible concurra como un principio de utilización antropogénica de recursos.
Los principales objetivos de desarrollo en la modernización se caracterizan por un aumento en la productividad y de un crecimiento económico rápido, obtenido a expensas del progreso en otras áreas. La modernización puede generar tasas aceleradas de evolución económica, pero los resultados en lo comunitario, pueden parecer poco alentadores, por lo que es necesaria una política capaz de balancear el desarrollo en lo económico y lo social. Cabe recordar que el crecimiento económico es sólo una dimensión del desarrollo y en consecuencia la atención debe centrarse en si la gente realmente disfruta mejoras sustanciales en la calidad de vida y si la prosperidad económica ha alcanzado propósitos sociales relacionados principalmente con el bienestar humano. Por lo tanto, el desarrollo social es visto desde dos perspectivas, como un proceso crítico a través del cual la gente y las instituciones trabajan juntas para promover la realización de sus intereses comunes y como un trazado que se suma mesurablemente al bienestar social, económico y cultural de la gran comunidad de la cual la gente y sus instituciones son una parte. Entonces, el crecimiento económico, así como el desarrollo y la calidad sociales sólo serán posibles mediante una perspectiva convergente que involucre al Estado, el Mercado y la Sociedad Civil. No se trata de una función o responsabilidad exclusiva de alguna de las instituciones, es el resultado de una combinación sana y ponderada de los atributos de cada una.
El concepto societal es visto como un enfoque holístico que integra asuntos sociales, económicos y educativos de las sociedades. Este concepto busca mejorar la esfera de la política social (organización de los servicios sociales o redistribución del ingreso), garantizando una intervención social sistemática en todos los puntos de reproducción de la vida social, soportada en cambios de la estructura de las sociedades. Bajo este referente, la política societal estaría basada en el supuesto que la gente desea participar constructivamente en la sociedad, dado que es a través de ella que se gana un sentido de autoempoderamiento y propósito común. Es decir lo societal se caracteriza por procesos sociales colectivos. Por lo tanto, un rol societal implica desarrollar acciones conjuntas con otros agentes involucrados con las prácticas del bienestar o desarrollo local. Desde la óptica del desarrollo societal, una empresa se preocupará por el bienestar de la sociedad en la medida que fabrique o comercialice alimentos que no atenten contra la nutrición y la salud de la población.
Contribuir desde la empresa, al desarrollo societal implica proporcionar bienestar a todos los miembros de la sociedad, sin importar si estos desempeñan o no el papel de consumidores individuales. En el desempeño de esta función, la Receptividad Societal lleva a las empresas a ser responsables, sensibles y proactivas frente a las demandas de la sociedad mejorando así su bienestar.
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